viernes, 3 de junio de 2016

Aletehia:  
Conocida es la etimología de verdad. Aληθεια. Compuesta por α (a = sin) y ληθεια (letheia = ocultar), por lo cual unidos forman el concepto de "des-ocultamiento". En latín da "lateo": "estar oculto", de donde viene la palabra española "latente".  De ahí que la verdad sea más bien una tarea, una acción. La acción de desvelar, correr el velo para que aparezca lo que está oculto. Hacer patente lo latente. Para un griego la frase “la verdad desnuda” es pues una redundancia. La verdad siempre está desnuda. Es lo desnudado, lo desvestido, lo desvelado. Ahora bien, ¿qué es lo que está oculto? ληθεια (lethia = ocultar), está emparentado con (lethe = olvido) que da nombre a un río del Hades, el Leteo. Beber de sus aguas provocaba un olvido completo.  De tal modo que la verdad es lo olvidado. Y como nos dice Platón, conocer la verdad no es más que recordar.






“Aletheia”
Una piel abierta, desgarrada, virulenta e invasiva se proyecta como la materialidad de un cuerpo enfermo de su ser.  De una manera violenta manifiesta la abstracción de lo psíquico y lo emotivo que hace parte de la esencialidad de su espíritu, que por ende a estado oculto ante sus ojos, y sin embargo lo reconoce, intangiblemente lo acepta, y materialmente lo plasma. Apestando a quien lo vea ante sus ojos.
D.N.M


serie(2) 
Aletheia 
oleo y acrilico sobre madera 
1.00x 1.50 m 


serie(1) 
Aletheia 
oleo sobre madera
1.00m  x 1.50 m 











Detalle 
 Aletheia (serie 1)
1.00 m x 1.50 m 
Oleo y acrilico sobre madera 




Mediante el concepto de “la piel como materia” de un cuerpo, que devela la temporalidad del ser mediante lo físico lo psíquico y lo emotivo, pretendo resinificar por medio de la imagen, los procesos de transformación que la materia(piel) sufre al momento de desgarre y laceración, debido a enfermedades dermatológicas que develan el estado psíquico de la persona por medio de manchas, cicatrices, líneas y fisuras que se adhieren como algo violento y desgarrador.











Detalle 
Aletheia (serie 2)
1.00 x 1.50 m 
Oleo y acrilico sobre madera 

POEMA DE LA VIDA DE UNA ARTISTA EN CONSTRUCCIÓN...












Caminando por varios suelos mojados se enciende una luz en mis tinieblas viscosas, anunciando que es la hora, la hora de salir al tiempo real y medible, salir al comienzo de mi propia muerte, quizá a una muerte de saturación cerebral. Sin embargo con unas inconscientes ganas de vivir y saber que pasa detrás de esa luz destellante que me abruma y me embriaga con una sutil ceguera blanca. ¡Estoy fuera! En la vida real… tengo alguien que me acompaña y calma mi llanto, alguien que tranquiliza mis miedos…mis miedos de existir. Pero no fue suficiente, yo quería volver a esa oscuridad a esas tinieblas viscosas donde me sentía más segura, cerré los ojos y volví… volví por un momento… pero me despertaron, tenía muchos cables y sonidos que me agobiaban. Mi respiración se veía en un sube y baja de alguna cosa que conocía.  Volvió esa persona a alentarme de que la vida era lo que quería ella para mí. Así que hice todo lo que pude para vivir…y con la rapidez que tienen las manecillas del reloj, mi cuerpo intentaba alcanzar el cielo y empiezo a cambiar. Mi cuerpo se ensancha, aparecen bultos en donde antes no los tenía y empiezo a pensar en el desagrado que me genera cambiar…cambiar mi apariencia, y con ella la forma de ver el mundo. Y como el reloj solo se para cuándo se queda sin baterías, yo seguía creciendo, creciendo mis cuestiones, mis preocupaciones, mis gustos y con ellos sus desagrados. Empecé a construir mi camino, por medio de un gran circo de posibilidades, de formas, texturas, lienzos y colores que podrían ayudarme a soportar esta vida real, de personajes, situaciones, risas, aplausos, de los cuales hoy soy, lo que soy, una artista de mi vida, la creadora de mi camino, agradeciendo a los otros que construían también su camino y me abrían las puertas para explorar mundos posibles de los cuales ahora me aferro para poder ser lo que verdaderamente quiero ser… un cuerpo sensible.













"Serie Aletheia"
(laboratorio) 
70x60
oleo sobre madera 








Nuestro cuerpo como contenedor de espíritu, posibilita una materialidad del ser mediante lo físico,  resultando una materia activa que fusiona  lo intangible con lo tangible en cuanto a pensamiento y acción. Las cuales cambian mediante el crecimiento corporal y sus cambios físicos. Es por ello que cada época que tiene un cuerpo entre su nacimiento, crecimiento y muerte, es reflejado en forma corporal, y por tanto va dejando huella en el primer contenedor corporal “la piel”.  Quien es la que da cuenta del paso del tiempo y sus experiencias como cuerpo en el paso de la vida, la que al estirarse permite traspasar varios limites corporales , la que demuestra en que tiempo estamos, y como estamos, permitiendo el gesto, las huellas únicas de cada piel, las marcas y cicatrices de cualquier circunstancia.  




































                                       " Serie Aletehia "
(laboratorio)
50x37
oleo sobre madera 

Detalle( laboratorio pictórico) 

MI TRABAJO CREATIVO




“La experiencia de un individuo que se  transforma con el paso del tiempo, hace  que con frecuencia se estimule una nueva incógnita acerca de su trabajo como artista, en donde cada vivencia es tomada como fuente para la creación”




 Es aquí donde la relación del paralelo artístico que habito se convierte en la fuente fundamental de creación en mi trabajo, percibiendo lo que vivo en mi cuerpo mediante el teatro y lo que siento y pienso en el arte plástico, entrelazándose  así para transformar mi pensamiento e incógnita acerca de ¿quién soy yo? y las preocupaciones que vienen con esas múltiples respuestas que dejan vislumbrar   lo que me adolece y fortalece en la vida misma. 

Si bien somos los que somos por ayuda de otros que nos perciben, somos el conjunto de experiencias vividas detonadas por el otro, bien sea un espacio, un objeto, un cuerpo o una situación, toda esta amalgama de sensaciones que  hace que nuestro ser se transforme y sea de acuerdo siempre a ese otro que no somos nosotros sino que nos hace ser uno solo, acudiendo a la reciprocidad de la existencia de luz y la oscuridad, de la causa y el efecto, del yo y el otro. De esta manera la esencia de mi trabajo, independientemente de la herramienta que utilice, se enfoca al otro como ente permisivo del yo, de mi pasado y de mí presente.