Caminando
por varios suelos mojados se enciende una luz en mis tinieblas viscosas,
anunciando que es la hora, la hora de salir al tiempo real y medible, salir al
comienzo de mi propia muerte, quizá a una muerte de saturación cerebral. Sin
embargo con unas inconscientes ganas de vivir y saber que pasa detrás de esa
luz destellante que me abruma y me embriaga con una sutil ceguera blanca.
¡Estoy fuera! En la vida real… tengo alguien que me acompaña y calma mi llanto,
alguien que tranquiliza mis miedos…mis miedos de existir. Pero no fue
suficiente, yo quería volver a esa oscuridad a esas tinieblas viscosas donde me
sentía más segura, cerré los ojos y volví… volví por un momento… pero me
despertaron, tenía muchos cables y sonidos que me agobiaban. Mi respiración se
veía en un sube y baja de alguna cosa que conocía. Volvió esa persona a alentarme de que la vida
era lo que quería ella para mí. Así que hice todo lo que pude para vivir…y con
la rapidez que tienen las manecillas del reloj, mi cuerpo intentaba alcanzar el
cielo y empiezo a cambiar. Mi cuerpo se ensancha, aparecen bultos en donde
antes no los tenía y empiezo a pensar en el desagrado que me genera
cambiar…cambiar mi apariencia, y con ella la forma de ver el mundo. Y como el
reloj solo se para cuándo se queda sin baterías, yo seguía creciendo, creciendo
mis cuestiones, mis preocupaciones, mis gustos y con ellos sus desagrados.
Empecé a construir mi camino, por medio de un gran circo de posibilidades, de
formas, texturas, lienzos y colores que podrían ayudarme a soportar esta vida
real, de personajes, situaciones, risas, aplausos, de los cuales hoy soy, lo
que soy, una artista de mi vida, la creadora de mi camino, agradeciendo a los
otros que construían también su camino y me abrían las puertas para explorar
mundos posibles de los cuales ahora me aferro para poder ser lo que
verdaderamente quiero ser… un cuerpo sensible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario